
Del celador del 71 al celador 2030: o nos adaptamos… o nos adaptan
El Foro Económico Mundial analiza las respuestas de más de 1.000 grandes empleadores de todo el mundo, que representan a 14 millones de trabajadores en 22 sectores y 55 economías.
De ese informe salen cinco ideas clave que son la base de este artículo:
- El 39% de las habilidades “núcleo” que usamos en el trabajo cambiarán o quedarán obsoletas de aquí a 2030.
- Hasta 2030 se crearán unos 170 millones de empleos y desaparecerán unos 92 millones, con un saldo neto de +78 millones… pero concentrados en quienes consigan reciclarse.
- Un 59% de las personas trabajadoras necesitará reskilling o upskilling (formarse de nuevo o ampliar habilidades) para no quedarse fuera.
- Crece con fuerza la llamada “economía de los cuidados” y los trabajos de primera línea (salud, educación, servicios directos), impulsados por el envejecimiento y los cambios demográficos.
- En cambio, las tareas rutinarias, clericales y administrativas son las que más caen, por ser las más fáciles de automatizar o externalizar.
Si juntamos todo eso, el mensaje es claro:
el trabajo cambia, los cuidados crecen, las tareas repetitivas se abaratan… y quien no se adapta, se convierte en “recortable”.
¿Y los celadores? Estamos exactamente en ese punto de cruce.

La parte de nuestro trabajo que está en riesgo
Si miramos con honestidad el día a día de un celador, podemos separar varias capas:
- Una parte muy física y repetitiva:
mover camas, trasladar sillas, llevar documentación, bajar bolsas, subir material.
- Una parte logística, que casi nunca se nombra:
organizar recorridos, priorizar traslados, evitar que se bloquee un quirófano, priorizar tareas que suelen ser más urgentes o plantas con más cargas, una prueba o una alta.
- Y una parte claramente de cuidados:
hablar con el paciente, calmarlo, observar cambios, detectar riesgos, contener una situación complicada en salud mental o en urgencias. El problema es que, en demasiados sitios, solo se reconoce la primera capa: la física, la de “empujar camas”. Y esa es, precisamente, la que el futuro del empleo coloca en zona de riesgo:
- La documentación ya se digitaliza.
- Los robots de transporte y los sistemas automáticos empiezan a mover carros, medicación o muestras en algunos hospitales.
- Las tareas muy básicas y repetitivas se intentan abaratar, externalizar, trocear.
Si dejamos que el sistema nos vea solo como “músculo barato”, nuestro trabajo será el primero en sufrir los recortes, la subcontratación y la precarización.

Lo que ya hacemos… pero nadie nos reconoce
Frente a esa imagen reducida, está la realidad: un celador de hoy, en un hospital real, ya hace muchas cosas que encajan con las habilidades del futuro que el propio informe destaca:
- Pensamiento analítico
Decidir qué traslado va antes, qué paciente no puede esperar, cómo reorganizar el pasillo cuando todo se complica, acompañamiento en pacientes que necesitan nuestra ayuda sin que tengan que pedirla.
- Gestión de flujos y logística clínica
Un hospital es un sistema vivo. Si el circuito de celadores se para, se para todo:
- quirófanos que esperan al paciente,
- pruebas que se retrasan,
- altas que se enlentecen,
- urgencias aún más saturadas.
- Cuidados directos
No pasamos consulta, pero estamos en el momento más vulnerable del paciente:
- cuando se mueve,
- cuando se pierde por los pasillos,
- cuando se asusta antes de una prueba,
- cuando se agita en psiquiatría,
- cuando entra o sale de una UCI.
- Trabajo emocional y relacional
Un celador recibe enfados, miedos, gritos, silencios, lágrimas… Y, aun así, sigue tirando del hospital y del paciente a la vez. Todo esto son habilidades humanas complejas que no se automatizan con un robot ni se sustituyen con una app.
El problema no es que no existan: es que no están escritas en ninguna parte.

Dos futuros posibles para la categoría
Si cruzamos lo que dice el informe sobre el futuro del trabajo con lo que pasa en nuestros hospitales, aparecen dos escenarios muy claros para el celador:
1. El “trabajo de almacén con pijama”
Es el futuro que viene si no hacemos nada:
- El sistema sigue usando las funciones del 71 como excusa para definirnos.
- Se ignora todo lo que hacemos en seguridad del paciente, humanización, logística clínica y lo que podríamos llegar a ser.
- Se externaliza una parte del trabajo y se precariza otra.
- Los cambios tecnológicos se usan para quitar personas, no para mejorar cómo cuidamos.
En este modelo, el celador se queda anclado en la etiqueta de “personal no sanitario” que no corresponde con la realidad del trabajo, pero sí conviene a quien quiere recortar.
2. El “profesional de cuidados y logística clínica”
Es el futuro que viene si peleamos por adaptarnos y ser reconocidos:
- Se reconoce que formamos parte de la economía de los cuidados, que es uno de los grandes sectores en crecimiento.
- Se define el papel del celador en tres bloques:
- Cuidados directos y acompañamiento del paciente en todo el circuito.
- Logística clínica y seguridad: traslados de riesgo, priorización, prevención de caídas, fugas, conflictos.
- Competencias digitales básicas: manejar sistemas internos, entender la historia clínica electrónica y los circuitos digitales.
Este modelo exige algo que el informe también subraya: formación, reciclaje y profesionalización. Pero, a cambio, sitúa al celador como pieza clave del equipo, no como “extra” prescindible.

La adaptación no es un capricho: es sobrevivir como profesión
El futuro del trabajo viene con tres mensajes muy claros:
- Las tareas rutinarias se automatizan.
Si el sistema solo nos deja eso, jugamos en el equipo perdedor.
- Las habilidades humanas complejas suben de valor.
Pensar, coordinar, cuidar, contener, comunicar… Eso es justo lo que hacemos cuando trabajamos bien, aunque no aparezca en ningún estatuto.
- La formación continua ya no es un “extra”, es condición para seguir dentro.
El mundo se mueve hacia itinerarios de upskilling y reskilling: aprender cosas nuevas para mantener o mejorar tu puesto. Para los celadores, esto se traduce en algo muy concreto:
- Si queremos seguir siendo necesarios en 2030, tenemos que ordenar y nombrar nuestras competencias reales,
no solo aguantar las funciones mal redactadas de hace más de 50 años.
- Necesitamos formación específica en:
- seguridad del paciente,
- grandes quemados, quirófano, UCI, salud mental,
- trato con el paciente y la familia,
- herramientas digitales del hospital.
- Y necesitamos que esa formación cuente: en bolsas, en oposiciones, en carrera profesional, en reconocimiento dentro del equipo.

¿Qué podemos hacer, como celadores, hoy?
No depende solo de nosotros, pero sin nosotros no va a pasar. Algunas ideas claras:
- Dejar de vendernos como “el que empuja camas”.
Cada vez que repetimos ese chiste, reforzamos justo la parte más débil de nuestro trabajo.
- Contar lo que hacemos de verdad.
Hablar de seguridad, de cuidados, de decisiones que tomamos a diario aunque nadie las vea.
- Formarnos en lo que viene.
Elegir cursos y formación que nos preparen para:
- el hospital digital,
- la atención centrada en la persona,
- la gestión de situaciones complejas.
- Organizarnos.
Redes, asociaciones, sindicatos, plataformas… Alguien tiene que sentarse con administraciones y universidades a diseñar el celador 2030. Si no estamos ahí, lo diseñarán sin nosotros.

Conclusión: el futuro no se espera, se pelea
El informe sobre el futuro del empleo no habla de celadores por su nombre. Habla de cuidados, de logística, de habilidades humanas que no se pueden sustituir, y de trabajos que se quedan atrás por no adaptarse. Nuestro oficio no es el problema.
El problema es seguir atados a una definición vieja que no refleja lo que aportamos en un hospital del siglo XXI.
Adaptar nuestro oficio no es traicionar lo que somos.
Es justo lo contrario: es poner por escrito, con formación y reconocimiento, todo eso que llevamos años haciendo en silencio en los pasillos. Porque en 2030, la pregunta no será solo si sigue existiendo la figura del celador. La pregunta será:
¿queremos ser parte del corazón de los cuidados… o convertirnos en la parte del trabajo que otros deciden recortar?

Raúl Jiménez Díaz
Coordinador de la Red de Celadores de Sanidad
Celador del Hospital Universitario de Fuenlabrada
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