El mal estado de los materiales que utilizamos los celadores: un problema invisible pero decisivo

Quien no ha trabajado en un hospital quizá no se imagine lo que significa empujar una camilla con las ruedas torcidas, trasladar a un paciente en una silla sin frenos y con ruedas que no giran o intentar mover una grúa que chirría y amenaza con romperse en cualquier momento. Para los celadores, sin embargo, esta es una realidad demasiado común. En este post de Red de celadores de sanidad hablamos de lo que supone trabajar en estas condiciones y detallamos pequeñas soluciones que, para nosotr@s supone un mundo.

Un problema silencioso que afecta a todos

El material hospitalario no es un simple accesorio: es la herramienta que garantiza que un traslado sea seguro y digno. Cuando esas herramientas están en mal estado, no solo ponen en riesgo la seguridad del paciente, también la salud del propio celador.

Camillas que no bajan bien, sillas de ruedas con reposabrazos sueltos, grúas que no levantan correctamente… todo ello incrementa el esfuerzo físico, aumenta la posibilidad de lesiones y añade tensión a un trabajo ya de por sí exigente.

La evidencia: nuestra encuesta de penosidad laboral

En la encuesta nacional sobre penosidad laboral que estamos realizando entre celadores, una de las conclusiones más claras es que el mal estado del material es uno de los grandes problemas señalados por la mayoría de profesionales.

(Si no has realizado la encuesta, aquí te la dejamos para que nos ayudes a realizar el informe que refleje nuestro esfuerzo.)

Esto confirma algo que vivimos a diario: trabajar con medios defectuosos multiplica la dureza de nuestro puesto y agrava las condiciones de riesgo.

Compras a espaldas de quienes lo utilizamos

En la mayoría de los casos, la compra de camillas, sillas o grúas se realiza sin contar con la opinión de quienes más las utilizamos: los celadores. Se eligen modelos que a menudo resultan incómodos, poco prácticos o de baja calidad. Y esa falta de consulta previa repercute en todo el sistema: en nuestra salud laboral, en la seguridad de los pacientes y en la eficiencia del propio hospital.

Material que también usan los familiares

Además, no podemos olvidar que este material no lo utilizamos únicamente los profesionales. En urgencias o en pruebas ambulatorias, por ejemplo, son muchas veces los propios familiares quienes llevan a sus pacientes en estas sillas o camillas. Si el material está deteriorado o mal diseñado, se convierte también en un riesgo para ellos, que no cuentan con formación para manejarlo.

Las consecuencias directas de este problema, que parece que no importa mucho en los centros son, entre muchas otras, estas:

  • Para los pacientes: traslados inseguros, incomodidad, más riesgo de caídas o accidentes.
  • Para los celadores: sobrecarga física, dolores musculares, lesiones por esfuerzo y mayor desgaste emocional.
  • Para el hospital: más bajas laborales, más reclamaciones y una imagen de descuido que afecta a la confianza ciudadana.
  • Para los familiares: inseguridad, desconfianza y situaciones de peligro evitable al manejar materiales defectuosos.

Cuidar el material es cuidar a las personas

Un hospital que mantiene su material en buen estado está invirtiendo en calidad asistencial, en prevención de riesgos laborales y en respeto hacia sus trabajadores y usuarios. No se trata solo de reponer lo roto, sino de establecer revisiones periódicas, protocolos de mantenimiento y canales ágiles para comunicar incidencias. Y sobre todo, de escuchar a quienes lo usamos a diario antes de comprarlo.

Los celadores somos quienes más usamos este material cada día. Nadie mejor que nosotros para detectar fallos, reportar incidencias y proponer mejoras. Por eso, escuchar nuestra experiencia y dotarnos de medios adecuados no es un capricho: es una inversión en seguridad, eficiencia y humanidad.

Propuestas para avanzar

Para que esta situación cambie, proponemos medidas concretas que podrían mejorar tanto la seguridad como las condiciones laborales:

  • 1. Comités de revisión con celadores

Incluir a celadores en los procesos de compra y renovación de material. Al menos un celador debería formar parte del comité que evalúe modelos de camillas, sillas o grúas antes de la adquisición.

  • 2. Protocolos de mantenimiento periódico

Revisiones mensuales obligatorias de camillas, sillas y grúas con una checklist sencilla (ruedas, frenos, altura, reposabrazos, funcionamiento de motor en grúas).

  • 3. Canal ágil de incidencias

Circuito claro para reportar material roto (app, intranet, código QR en cada camilla) que genere un número de incidencia y un plazo máximo de reparación o sustitución.

  • 4. Rotación y sustitución programada

Sustitución del material según años de uso y número de traslados, no solo “cuando se rompa”. Evitar acumulación de equipos obsoletos en uso.

  • 5. Formación básica para familiares y pacientes

En servicios donde los familiares usan sillas o camillas (urgencias, pruebas ambulatorias), cartelería clara con normas básicas de uso y seguridad.

  • 6. Evaluación de riesgos laborales específica

Que el Servicio de Prevención de Riesgos incluya en sus evaluaciones la revisión del estado del material de transporte y relacione las lesiones de celadores con incidencias de estos equipos.

  • 7. Registro público de incidencias

Publicar de forma interna los datos sobre materiales retirados, reparaciones y quejas, para dar transparencia y seguimiento a la gestión.

  • 8. Circuito de pruebas piloto

Antes de comprar un lote grande de camillas o sillas, realizar una prueba piloto en un servicio (ej. Urgencias) con participación de celadores, enfermería y pacientes, para decidir si realmente es el modelo adecuado.

El mal estado del material con el que trabajamos no es una simple incomodidad: es un problema que pone en riesgo nuestra salud, la seguridad de nuestros pacientes y la dignidad de nuestro trabajo. No podemos seguir normalizando que empujar las camas en el estado tan horrible en el que se suelen encontrar, forme parte de nuestro trabajo cotidiano.

Como celadores, tenemos la fuerza de la experiencia diaria, de la realidad que vivimos en cada traslado. Y esa voz, unida, es más poderosa que cualquier queja aislada. por eso es el momento de organizarnos, alzar la voz y denunciar juntos esta situación.

No pedimos lujos, pedimos respeto. No reclamamos privilegios, reclamamos lo mínimo: herramientas dignas y seguras para hacer bien nuestro trabajo. Porque cuidar de los materiales es cuidar de nosotros, de nuestros pacientes y de la sanidad pública.

Si queremos que algo cambie, no basta con quejarnos en silencio. Es hora de dar un paso al frente y hacerlo juntos.

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