Cuidados con sentido: el papel esencial del celador en el acompañamiento a personas mayores. Red de celadores de sanidad entrevista a Lourdes Bermejo García.

Hablar de cuidados con sentido es hablar de Lourdes Bermejo García. Doctora en Ciencias de la Educación y gerontóloga. Fue entre 2019 y 2022, vicepresidenta de Gerontología de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG).

Es asesora internacional y referente incuestionable en el desarrollo de modelos de atención centrada en la persona, Lourdes ha dedicado más de 35 años a transformar el modo en que nos relacionamos, cuidamos y acompañamos a las personas mayores.

Su trabajo ha trascendido las aulas y los despachos: ha formado a miles de profesionales, ha acompañado procesos de cambio institucional en residencias y hospitales, y ha sido la voz de quienes no siempre pueden hablar. Su defensa del buen trato, la dignidad y la humanización de los cuidados no es solo profesional, sino profundamente ética y personal.

Desde Red de Celadores de Sanidad, creemos que su visión puede abrir un camino de diálogo y reconocimiento hacia una figura, la del celador, que históricamente ha sido invisible, a pesar de ser imprescindible.

Los celadores y celadoras acompañan, contienen, escuchan, sostienen, observan… muchas veces sin que se reconozca el impacto real de su presencia humana en los procesos de cuidado, especialmente con personas mayores o en situación de dependencia.

Por eso esta entrevista es más que una conversación: es un punto de encuentro entre la visión transformadora de Lourdes y el deseo de una categoría profesional que aspira a crecer, formarse y ocupar un lugar digno en los equipos que cuidan. Porque hablar de celadores también es hablar de cuidados. Y los cuidados importan.

Has sido una de las grandes impulsoras en España del modelo de atención centrada en la persona. ¿Cómo lo definirías de forma sencilla? ¿Qué lo diferencia del modelo asistencial tradicional?

La atención centrada en la persona es un cambio profundo de mirada. Significa poner a la persona –con su historia, valores, cultura, preferencias y derechos– en el centro de todas las decisiones. No se trata solo de “cuidar bien”, sino de respetar su proyecto de vida actual y de ayudarle en este momento para conseguirlo, independientemente de su situación de salud de Dependencia, funcional o de dificultad cognitiva.

El modelo tradicional se ha centrado en la enfermedad y en la tarea. Este modelo pone el foco en la vida y en la dignidad, no solo en la supervivencia. El gran cambio es pasar de preguntar “¿qué necesita para encontrarse mejor, para vivir bien?, ¿Y qué puedo hacer yo en este momento para facilitárselo?

El modelo asistencial clásico estaba muy centrado en hacer las técnicas sanitarias bien y en garantizar cuidados en términos de calidad física, pero desde un enfoque casi exclusivo en lo biosanitario, sin captar la totalidad de necesidades que tenemos las personas: psicológicas, sociales, afectivas o espirituales.

En la práctica diaria, ¿qué implicaciones reales tiene este enfoque para los profesionales que trabajan con personas mayores?

Implica que todas las profesiones, son esenciales. Que la manera en que acompañamos, hablamos, miramos, tocamos, importa tanto como un tratamiento adecuado. Para los profesionales significa pasar de ser ejecutores de tareas a ser facilitadores de bienestar y de dignidad para la persona, con capacidad de escuchar, flexibilizar y humanizar cada interacción y en todo momento.

Además, supone ser conscientes de la integralidad de necesidades que tienen las personas en situación de fragilidad física, que es cuando principalmente utilizan los servicios sanitarios. Y más aún si son mayores, porque hay más riesgo de consecuencias graves y porque ya acumulan pérdidas, deterioro y posibles dificultades cognitivas, lo que puede generar desorientación, aislamiento y sensación de soledad, y  por tanto, mayor estrés y miedo.

¿Qué papel crees que juega el acompañamiento humano –emocional, relacional, cotidiano– en el bienestar de las personas mayores?

El acompañamiento es la pieza clave. La evidencia científica muestra que el vínculo y el sentirse querido y respetado influyen más en la calidad de vida que muchos tratamientos médicos. El acompañamiento no es un añadido, es el corazón del cuidado.

Una palabra amable, una sonrisa, un gesto que transmite que “importas”, puede cambiar el día –o la vida– de una persona mayor, sobre todo en momentos de mayor fragilidad, vulnerabilidad, .

¿Cómo percibes el rol de los celadores en este ámbito, especialmente en hospitales donde son a menudo uno de los principales contactos de la persona con el entorno?

Los celadores son guardianes de humanidad en entornos muy técnicos. Son la primera y la última cara que ve la persona, quienes pueden transformar un traslado frío en un momento de confianza. Su cercanía les convierte en un puente entre la técnica y la persona, y eso les da un valor incalculable en la experiencia del cuidado.

En muchas ocasiones, el celador es la persona que ayuda a que el paciente no se sienta perdido, que reduzca su miedo y encuentre consuelo en alguien amable que comprende su situación. Ese acompañamiento es esencial para la experiencia del paciente.

Sin duda, el celador es un agente de humanización y de buen trato, en la medida en que ayuda a las personas. Por ejemplo, cuando llegan a un lugar nuevo a comprender dónde están, a sentirse más informadas y a poder hablar con alguien sobre esa sensación. O, cuando una persona es trasladada de un sitio a otro, puede ser ayudada a comprender hacia dónde va.

Pensemos que un traslado para un profesional puede parecer nada, pero para la persona que lo vive significa muchísimo. Poder conectar durante esos minutos humaniza totalmente el trabajo y reduce el estrés.

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¿Qué tipo de actitudes o habilidades relacionales consideras más valiosas en los profesionales que acompañan a personas mayores en su día a día, especialmente cuando el tiempo es limitado y el entorno puede ser muy técnico o protocolizado?

Empatía auténtica, escucha activa y presencia plena, aunque solo sean unos minutos. . Llamar a la persona por su nombre, explicar lo que se va a hacer, preguntar cómo se siente.

La empatía no solo como actitud profesional, sino como competencia práctica para que la persona la perciba, es condición básica en contextos de vulnerabilidad. Aplicarla no requiere mucho tiempo:

  • Usar un tono adecuado: no paternalista, no edadista, infantilizante ni ñoño, sino de adulto a adulto.
  • Acompañar con un contacto suave y respetuoso.
  • Mirar a los ojos, sonreír y situarse cerca para que la persona pueda verte, reconocerte, incluso si tiene deterioro visual o cognitivo.
  • Articular un mensaje verbal y no verbal coherente.

Estos gestos no son incompatibles con la competencia técnica; al contrario, son complementarios e imprescindibles.

La humanización se manifiesta en una comunicación efectiva, respetuosa y educada, en la coherencia entre palabras y gestos, y en evitar actitudes paternalistas o condescendientes.

Pero también va a hacer falta que las organizaciones lo valoren y tomen medidas para que esto sea posible, como comentaremos más adelante.

¿Qué buenas prácticas o experiencias podrías compartir en las que los celadores hayan desempeñado un rol significativo en la mejora del trato y la calidad de vida de una persona mayor?

He visto celadores que convierten un traslado en un momento de seguridad y humor, que se paran para preguntar por la música favorita de una persona o le cuentan algo que la distrae del miedo. Incluso en urgencias, he visto celadores que han logrado que una persona con demencia no se desoriente porque le han acompañado de la mano con calma, o por qué preguntan si tienen hambre o si tienen frío las personas y tratan esas personas tan frágiles y desorientadas y asustadas con esa calidad humana que todos nos gustaría recibir si fuéramos nosotras. Esos gestos no salen en protocolos, pero cambian la experiencia de cuidado.

Cuando una persona llega a un lugar desconocido, el celador puede ayudar a que comprenda dónde está y se sienta más tranquila, reduciendo el estrés y mejorando su bienestar.

¿Qué barreras culturales o estructurales habría que superar para que el papel del celador sea más visible y valorado?

La primera barrera es la visión jerárquica y rígida de los equipos. Necesitamos reconocer que todas las profesiones aportan valor. La segunda, la falta de formación en humanización y relación. Y la tercera, la invisibilidad mediática: pocas veces se habla de celadores cuando se reconocen los éxitos del sistema.

También hay una barrera cultural muy importante: la parte más humana del cuidado sigue estando poco valorada. En la medida en que los profesionales retomen y reivindiquen esta dimensión, su papel será más reconocido y apreciado.

En nuestra red defendemos que, con una regulación formativa adecuada, los celadores podrían desempeñar funciones nuevas en el ámbito del acompañamiento y los cuidados. ¿Cómo valoras esta posibilidad?

Me parece necesario y lógico. El futuro del cuidado no será sostenible sin roles flexibles y polivalentes, y los celadores, por su posición de cercanía, tienen mucho potencial para asumir funciones de acompañamiento, apoyo emocional y observación de necesidades. Eso sí, con formación y con respeto a su identidad profesional.

A los celadores me gustaría deciros: Gracias por estar, por mirar, por escuchar, por comprender, por tranquilizar, por empatizar…. Vuestra presencia da seguridad en los momentos más vulnerables.

¿Qué tipo de formación y competencias crees que serían clave para profesionalizar este tipo de rol, sin desdibujar su identidad, pero ampliando sus capacidades?

Además de las habilidades relacionales, la comunicación empática y el manejo de emociones, creo que la formación debe contemplar:

  • Compartir buenas prácticas y experiencias con quienes llevan tiempo aplicando la humanización en su rol.
  • Capacitarlos para tratar con personas en situaciones muy diversas: personas mayores con deterioro cognitivo, menores, jóvenes, personas con discapacidad intelectual, personas extranjeras que no entienden el idioma, etc.
  • Ofrecer conocimiento sobre pruebas diagnósticas o intervenciones específicas, para que puedan informar con claridad a las personas y reducir su ansiedad.
  • Integración plena en equipos interdisciplinares, porque su mirada complementa la de otros profesionales y aporta valor añadido al cuidado personalizado.

La capacitación en estas áreas consolidaría el rol del celador como agente de humanización especializado, preparado para momentos clave en la experiencia asistencial.

¿Qué lugar podrían ocupar los celadores en equipos interdisciplinares de cuidados si avanzamos hacia modelos más comunitarios, humanos y personalizados?

Un lugar clave como observadores privilegiados de la realidad cotidiana de la persona. Muchas veces son quienes detectan cambios en el ánimo, el dolor o el estado funcional antes que nadie. Podrían ser ojos y oídos del equipo, aportando información valiosa y reforzando la conexión humana en entornos que tienden a despersonalizarse.

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¿Qué transformaciones estructurales crees que necesita el sistema de cuidados en España para priorizar realmente el bienestar de las personas mayores?

Necesitamos pasar de modelos centrados en la tarea a modelos centrados en la calidad de vida de las personas. Esto implica:

  • Capacitación para identificar los elementos clave en las formas de relación de atención que necesitan las personas, identificando también grandes grupos y características que facilitan la personalización.
  • Flexibilidad organizativa para respetar ritmos y preferencias de las personas usuarias.
  • Dotación de tiempo y personal para acompañar con más cuidado y comunicación, no solo para hacer tareas técnicas imprescindibles y rápidamente.
  • Espacios relacionales en hospitales y residencias, para fomentar la comunicación y la información entre los miembros del equipo disciplinar..
  • Cambios estructurales para permitir que los profesionales se especialicen en acompañamientos específicos y desarrollen un mayor expertise.
  • Estabilidad en las relaciones para que se generen vínculos de seguridad y confianza en la medida de lo posible.
  • Mejora del sistema de formación y desarrollo de competencias reales, no solo técnicas, sino también blandas, humanas y comunicacionales.
  • Implementar sistemas de feedback y valoración positiva por parte de usuarios y supervisores, para reforzar la motivación y el reconocimiento.

¿Qué lugar deberían ocupar las relaciones, el tiempo para cuidar, y el reconocimiento a todas las figuras profesionales implicadas?

Un lugar prioritario. Sin tiempo para la relación no hay cuidado, solo procedimientos. Y sin valorarlo, sin reconocimiento, el sistema se vacía de humanidad. Todas las profesiones cuentan, son necesarios para ayudar a la situación y a vivir esta experiencia de la persona, porque todos impactan en la experiencia de la persona en esos difíciles  momentos de la persona.

¿Qué mensaje te gustaría enviar a los celadores y celadoras de España que día a día acompañan con humanidad a personas mayores, a menudo sin el reconocimiento ni la visibilidad que merecen?

Gracias por estar, por mirar, por escuchar, por comprender, por tranquilizar, por empatizar…. Vuestra presencia da seguridad en los momentos más vulnerables. Nunca penséis que un gesto pequeño no importa: para quien se siente frágil, ese gesto lo es todo. Sois parte esencial de la humanización del cuidado.

Quiero añadir algo importante: tener una vida con sentido también es una forma de reconocimiento impagable. Cuando trabajamos sabiendo que nuestra labor ayuda a que las personas tengan bienestar y dignidad, aumenta nuestra autoestima, nuestra coherencia con los valores y el deseo de seguir aportando.

Ese sentido no depende solo de lo que nos digan nuestros superiores, depende de la capacidad de cada uno para dar valor a lo que hace y percibirlo así.

Pensemos: el día que nos toque a nosotros estar en una situación de fragilidad, ¿qué desearíamos? Encontrar a alguien competente, sí, pero también humano, alguien que nos ayude a pasar los momentos difíciles. 

Esa idea, ese impacto positivo en la vida de otro, es la mejor recompensa. Va más allá del salario: es un valor ético, social y personal que nos enriquece. Gracias por encarnarlo. LB.

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